Colombia ha puesto en movimiento toda su maquinaria política y diplomática para lograr que Panamá, en nombre de la unión americana que soñó Bolívar, acceda a romper la corteza verde y abundante en flora y fauna de uno de los pulmones que le queda a América: la selva del Darién. Los colombianos han comenzado a “enamorar” a las autoridades panameñas y el presidente Alvaro Uribe espera recibir a su colega panameño, Martín Torrijos, en la región de Urabá, el próximo 1 de noviembre, para convencerlo de las “bondades” que representará la integración vial. La tesis colombiana asegura que, al construir la carretera, de 108 kilómetros, ambos países podrán llevar allí la presencia del Estado, como arma para terminar con el bandolerismo, la deforestación indiscriminada, el tráfico de armas, de drogas y de indocumentados. Sin embargo, para los panameños, abrir el tapón del Darién, lejos de eliminar el peligro, lo que hará es acentuarlo no solo por la violencia que vive el vecino país, sino porque Darién representa una barrera natural contra enfermedades como la fiebre aftosa que, de entrar a Panamá, significará un duro golpe para la ganadería. Panamá podría ganar más manteniendo intacta la selva darienita que permitiendo que la rompa una carretera.
Hoy por Hoy 2004/10/25
25 oct 2004 - 05:00 AM