El escándalo en que se encuentra el ex presidente costarricense y actual secretario general de la OEA, Miguel Angel Rodríguez, envía mensajes directos a la clase política latinoamericana y a los encargados de administrar justicia. Siempre produce tristeza que una figura de trascendencia internacional sea señalada de haber participado en actos ilegales, máxime si se trata de un ex mandatario. Pero es oportuno resaltar que, a diferencia de nuestro país, donde las instancias encargadas de investigar y sancionar propician el oscurantismo y la impunidad, en Costa Rica ya soplan vientos que presagian sanciones enérgicas para quienes incumplen la ley, trátese de quien se trate. Además, es oportuno destacar que un periodismo que trabaje de la mano con la justicia en la persecución de los delitos y en su tarea de desenmarañar las redes de la corrupción, siempre brindará grandes beneficios a la comunidad. La historia en Panamá, no obstante, es muy diferente. En muchas ocasiones, los periodistas que destapan actos de corrupción son blanco de persecución por parte de personeros judiciales, quienes redoblan sus esfuerzos cuando se trata de comunicadores sociales, pero miran hacia otro lado y trabajan a paso de tortuga cuando son allegados o políticos afines a su pensamiento.
Hoy por Hoy 2004/10/06
06 oct 2004 - 05:00 AM
