Aunque la comunidad aceptó a satisfacción la promesa del presidente Torrijos sobre su política de “cero corrupción” y ve con buenos ojos el comienzo de auditorías en el aparato gubernamental, hoy observa que esos mecanismos socavan el desempeño de algunas instituciones y sumergen a sus funcionarios en una especie de limbo del que nadie sabe cuándo saldrán. La lucha contra la corrupción debe ser eje motor de todo gobierno, pero no podemos soslayar que se está ante la tentación de dejar orillada la necesidad de impulsar el desarrollo económico del país y el funcionamiento normal del Estado. Que no ocurra igual que en Nicaragua, que a pesar de que encarcelaron al ex presidente Arnoldo Alemán y que su actual presidente, Enrique Bolaños, sigue férreo en su lucha contra la corrupción, los problemas de delincuencia, desempleo y pobreza se mantienen incólumes. Es indudable que la comunidad ansía ver tras las rejas a los corruptos que amasaron fortunas a costa del erario público, pero no se pueden ignorar las necesidades de crecimiento y de mejor distribución de la riqueza. Las auditorías son una herramienta de ayuda a la transparencia en el manejo de la cosa pública, pero bajo ninguna circunstancia deben convertirse en actividades que frenen el despegue económico que todos esperamos.
Hoy por Hoy 2004/09/25
25 sep 2004 - 05:00 AM
