Si bien es cierto que la liberalización de los mercados tiene como propósito la promoción de la libre competencia, también es verdad que hay sectores de la economía que requieren un marco regulatorio para no atentar contra el bienestar de los consumidores. El aumento de los precios de medicamentos a niveles extraordinarios obliga al Estado a tomar medidas inmediatas e imponer un tope, tal como hizo la llamada Ley Balbina a principios del 2003. En esa ocasión se trató de un esfuerzo por contrarrestar una tendencia alcista debido a que en el mercado hay asimetrías de información. Por otro lado, la estructura mundial de las empresas dedicadas a este rubro es monopólica: se dividen los mercados, fijan los precios, establecen cantidades y se reparten el pastel de los consumidores, que tienen que pagar altos precios por las medicinas. Esta es una realidad que viven todos los países del tercer mundo, y por eso, en Panamá, la CLICAC debe solicitar de inmediato, como lo hizo en el año 1997, un congelamiento temporal que no permita más aumentos, hasta cuando se encuentre un mecanismo de suministro de medicamentos genéricos y otras opciones bioequivalentes para satisfacer las necesidades de la población. No hacerlo y quedarse de brazos cruzados es, lisa y llanamente, un atentado contra la salud del pueblo.
Hoy por Hoy 2004/09/24
24 sep 2004 - 05:00 AM