La semana que acaba de terminar dejó no solo tragedia y dolor por causa de fenómenos naturales. También la sucesión de hechos delictivos y el asesinato de al menos siete personas, protagonizados por sujetos que actúan organizados en bandas y pandillas, es un indicador preocupante de la corrosión del tejido social y precaridad de la vida cotidiana. Cuando la marginalidad y la falta de inserción productiva se afincan en sectores socialmente vulnerables, la natural predisposición y el genuino inconformismo se transforman en disparadores de conductas destructivas y la pérdida de valores. De tal modo, se van conformando entre los delincuentes redes de complicidad cuyo desenlace es la comisión de delitos y asesinatos atroces. Por ello es muy importante que el Gobierno atienda la educación de los jóvenes y se preocupe por generar empleos y dar respuesta a los desocupados, de tal manera que se eviten la frustración por la falta de horizontes y la sensación de desprotección, para que esta no siga alimentando el círculo vicioso del malestar social, la inseguridad y la delincuencia.
Hoy por Hoy 2004/09/20
20 sep 2004 - 05:00 AM
