Las inundaciones en la tarde de ayer ponen de relieve la falta de drenajes y la incapacidad del sistema de alcantarillado, debido a la proliferación de edificaciones sin las previsiones correspondientes, lo que hace de las calles y avenidas verdaderos ríos y desagües. A esto se suma la falta de conciencia de aquellos individuos a quienes no les importa usar quebradas y riachuelos como vertederos particulares, lo que hace más severo el problema. Las lluvias de ayer no eran consecuencia de huracanes ni de tifones, sino la precipitación fluvial normal en un país tropical en plena estación lluviosa. Pero ni las continuas lluvias ni las crecidas de ríos han podido cambiar la cultura de desidia del pueblo y la forma irresponsable con que las autoridades dan su visto bueno para llevar a cabo construcciones que muchas veces no llenan los requisitos mínimos en lo relacionado con el alcantarillado. No basta con que las autoridades y ciudadanos salgan una vez más a solidarizarse con la tragedia. El círculo vicioso sólo se romperá cuando los funcionarios y profesionales responsables evalúen concienzudamente los proyectos y permisos para construir de manera planificada y segura, cuando la población entienda el daño que producen al botar la basura en las vertientes, y cuando todos actuemos con responsabilidad y firmeza para corregir este serio problema.
Hoy por Hoy 2004/09/18
18 sep 2004 - 05:00 AM
