Aunque la prevención de enfermedades es esencial para la salud pública, el sistema hospitalario panameño no está preparado para este fin. La desidia con que las autoridades planifican y ejecutan los proyectos de expansión hospitalaria, con obras costosas que en la práctica no pueden ser utilizadas en beneficio de la comunidad, es una muestra más de la desfachatez con que los gobiernos han manejado los bienes del Estado. Salas de maternidad sin equipos, hospitales sin personal, elevadores inservibles y farmacias sin medicamentos ponen al descubierto que la salud no es igual para todos. También muestra las deficiencias que hay en el sistema donde la prevención no termina de afianzarse como prioridad y queda siempre condicionada a los embates de la escasez de recursos e improvisaciones de funcionarios. La paradoja es que el supuesto ahorro que se hace con la contención del gasto público termina en cuantiosos gastos posteriores por falta de atención médica y tratamientos de enfermedades que pudieron haberse evitado con una primera cita o un diagnóstico oportuno. Pero, peor aún, supone condenar a sufrimientos innecesarios a las víctimas de esta ineptitud oficial.
Hoy por Hoy 2004/09/10
10 sep 2004 - 05:00 AM
