La burocracia estatal ha crecido de tal manera que todos los candidatos pregonan su interés en disminuirla. Desgraciadamente, cuando son elegidos actúan en dirección contraria. Ya el presidente Torrijos lo dijo en su discurso de toma de posesión: ‘crearemos tres nuevas secretarías destinadas a administrar proyectos especiales’, cuya viabilidad no ha sido sustentada. El problema es más serio de lo que a simple vista parece, por lo que se requieren medidas drásticas que superen las buenas intenciones. El nombramiento de funcionarios con rango de ministros, con el propósito de satisfacer egos y llenar espacios políticos, lo mismo que la multiplicación de viceministerios, entidades y oficinas representan un aumento de la planilla que engloba el tamaño del Estado. Secretarias, conductores, guardaespaldas, asistentes y asesores la hacen crecer. Incluso hay quienes ahora sugieren crear una nueva provincia en el sector oeste de Panamá, sumada a las cuatro nuevas comarcas de reciente formación. Una de las razones que se adujo para privatizar instituciones estatales fue reducir la burocracia. La realidad, no obstante, ha sido otra. Lentamente se ha ido creando un monstruo improductivo de mil tentáculos al que todos alimentamos. Como muestra el legado de la presidenta Moscoso de 49 mil empleados nuevos sin justificación. Es urgente que alguien le ponga coto a esta situación, pero sin demagogias ni improvisaciones, porque de lo contrario, el panorama seguirá igual: más planillas, más ineficiencia, más retrasos. En fin, más burocracia, más déficit, más deuda pública.
Hoy por Hoy 2004/09/09
09 sep 2004 - 05:00 AM
