Si hay algo que distingue al período de transición en Panamá es la ausencia de eficiencia y eficacia. Con bombos y platillos se anunció una comisión de transición que es absolutamente necesaria, en vista de la difícil situación del país y la necesidad de darle a los ciudadanos alguna esperanza de que la clase política es capaz de promover rectificaciones nacionales. Pero ha faltado voluntad de ambas partes, lo que ha producido una parálisis estatal que dificulta el relevo de mando, lo que es grave en un país donde políticamente el poder está todo concentrado en el Ejecutivo. La transición debiera permitir al nuevo gobierno entender la cosa pública; y más aún, ante la falta de información suficiente sobre muchos asuntos de interés público, debido al incumplimiento de la Ley de Transparencia. Pero no, la actual administración ha promovido la improvisación y la discusión de leyes apresuradas, tratando de reencauchar lo que durante cinco años no hizo. Todo ha sido una vana ilusión. Las expectativas creadas para el período de transición se han ido por la borda. Por ello se hace absolutamente necesario que se institucionalice el cambio de mando por encima de intereses personales y partidistas, y se actúe en el desarrollo de un proyecto nacional que dé continuidad a las urgentes soluciones que requiere el pueblo panameño.
Hoy por Hoy 2004/08/11
11 ago 2004 - 05:00 AM
