Panamá es un país que debiera estar en condiciones de anticipar en lugar de reaccionar. Desafortunadamente, no existe en el presupuesto del Estado ni en los deberes de sus funcionarios una verdadera política de mantenimiento preventivo. Y cuando los problemas saltan, las excusas abundan. Ese es el vivo retrato de la situación en el Registro Público, una entidad que fue creada con el fin de dar servicio, pero que cada día tiene más problemas para gestionar y cumplir con sus responsabilidades, como son la inscripción de sociedades anónimas, hipotecas, traspasos, títulos de propiedad, asociaciones y fundaciones de interés privado. Para que esa institución, garante de la certeza de la propiedad privada, pueda cumplir con su objetivo, resulta imperante que se reordene su infraestructura y se adecue a las necesidades actuales. De lo contrario, su deficiente funcionamiento continuará socavando la imagen del país. Igualmente se hace necesario impulsar esfuerzos encaminados a que una mayor parte de su recaudación sea revertida y con ello se asegure un óptimo servicio a los usuarios. Actuar en otra dirección sería sencillamente atentar contra la seguridad y credibilidad de nuestro principal activo: la economía de servicio.
Hoy por Hoy 2004/08/10
10 ago 2004 - 05:00 AM
