No hay que ser un gran estudioso del derecho penal ni de la criminología para saber que para reducir la delincuencia se necesita un plan integral de prevención del delito. Las experiencias de muchos países han demostrado que ni siquiera la pena de muerte es garantía para que las conductas criminales disminuyan. Tal vez ya llegó el momento de elevar las penas; sin embargo, una vez más nuestros gobernantes recurren a la improvisación. ¿Por qué la Presidenta ha esperado 4 años y 10 meses para proponer mano dura contra la delincuencia? Si las cárceles están sobrepobladas y son universidades del crimen, si las fiscalías y juzgados penales están inundados con expedientes, y si la ley de menores ni siquiera se ha implementado, ¿cómo puede pensarse que la cadena perpetua es la solución? Nuestros gobernantes deben -de una vez por todas- olvidarse de las soluciones tipo 'parche'. Cuando a los hospitales les faltan camas y medicinas, entonces se aprueban créditos extraordinarios que resuelven el problema por algunos días; cuando los diablos rojos arrollan a nuestros estudiantes y ancianos, entonces se lanzan operativos de tránsito por 10 días y punto; y así podríamos seguir con la lista. ¿Hasta cuándo vamos a improvisar? El tema de la delincuencia requiere seriedad y profundidad; aquí no hay nada que inventar. Si el gobierno hubiese tenido la intención de crear e implementar una política nacional de combate a la delincuencia desde hace cinco años, tal vez hoy no estaría aventurándose con medidas que ya han fracasado en otras latitudes.
Hoy por Hoy 2004/07/09
09 jul 2004 - 05:00 AM
