La sociedad panameña debe permanecer en alerta. Son momentos de suma importancia para todos. No solo está en el tapete para la discusión en el seno de la Asamblea Legislativa el futuro de las reformas constitucionales, sino que también la clase productiva del país está en ascuas frente a lo que será el compromiso comercial con los colosos del norte. Por ello, no son tiempos para aspavientos pero tampoco para estar pasivos. En ambos temas, no se sabe nada en concreto y existe la posibilidad de que se negocie a espaldas del pueblo. En cuanto a las reformas, propuestas vienen y contrapropuestas van, con el ánimo de pasar a tambor batiente los cambios a la Carta Magna. Y sobre el TLC, como todo ha sido a puerta cerrada, no se conoce si habrá exclusión o sencillamente se negociará usando impulsos contrarios al bienestar del país. Lo que sí se percibe es una especie de querer cumplir con un calendario predeterminado, sin importar dejarle al país un mamotreto que nadie se merece. Lo cierto es que, mientras los ciudadanos están mortificados con estos dos temas de vital importancia, la presidenta baila y se divierte. Ya basta de francachelas y burlas, que es hora de meterle mano al trabajo, no son tiempos para estar dormidos, porque el país no aguanta más madrugonazos.
Hoy por Hoy 2004/07/03
03 jul 2004 - 05:00 AM
