En un proceso de modernización del Estado lo importante es que haya mecanismos de consulta, de manera que si en el camino hay que rectificar, se tenga la oportunidad para hacerlo. Por eso es positivo que, a pesar de su interés por impulsar las reformas constitucionales, el presidente electo, Martín Torrijos, reconozca que está dispuesto a reconsiderar la eliminación del control previo. De hecho, sin control previo no hay control. Por años la acción fiscalizadora y reguladora de la Contraloría General de la República ha dependido de este instrumento y todos saben que ha prevenido muchos actos contrarios al interés público. Eliminar el control previo sería como entregarle la llave a los ratones para que cuiden el queso, cuando se sabe que por tendencia natural los funcionarios quieren manejar los fondos públicos como si fueran propios. No hay duda de que con el control previo será más fácil para el próximo gobierno cumplir con las promesas de campaña de cero corrupción. No nos engañemos: hay que hacer caso a la experiencia de los contralores que comparecieron ante la Comisión de Gobierno a defender el control previo, porque como decía el rey Salomón, en la profusión de consejos está la sabiduría.
Hoy por Hoy 2004/06/26
26 jun 2004 - 05:00 AM
