Los maleantes que se escudan con uniformes escolares y los estudiantes a quienes la Universidad de Panamá les garantiza impunidad deben ser erradicados antes de que tomen control y terminen minando la paciencia de los ciudadanos. En los últimos días, con premeditación y alevosía, grupos de pandilleros disfrazados de estudiantes han ocasionado el cierre de céntricas avenidas, quemando llantas y violentando el orden público. Con estas acciones han puesto en peligro la vida de los transeúntes, entre ellos religiosos y alumnos que sí están interesados en el estudio. Estos episodios son demostrativos no solo del grado de anarquía que vive el país, sino del retraso en que se encuentra la educación nacional con relación a otros países del mundo. Es lamentable que estos desórdenes sean la carta de presentación de una parte de nuestra sociedad. Es alentador, por tanto, que los organismos de seguridad propicien el respeto de las leyes y garanticen el derecho a la libre circulación. Por otro lado, las autoridades educativas están obligadas a concertar esfuerzos y a establecer las medidas disciplinarias que sean necesarias para sancionar ejemplarmente a los responsables de estos actos de salvajismo, para devolver la paz a los centros educativos y eliminar el pandillerismo escolar.
Hoy por Hoy 2004/06/11
11 jun 2004 - 05:00 AM