Ya se veía venir. Si no lo hacía en la entrada, lo haría en la salida. Y eso fue precisamente lo que hizo el viceministro de Gobierno y Justicia al inaugurar el cuarto Congreso Latinoamericano de Periodismo, cuando la rabia pudo más que él y no pudo contener su odio contra los periodistas y medios de comunicación. Esa actitud refleja exactamente lo que sienten los funcionarios de un gobierno que ha estado propiciando el oscurantismo y la impunidad, y que los periodistas han divulgado. Es muy fácil señalar al mensajero como culpable de los males del Estado y acusarlos de desprestigiar al país y ahuyentar las inversiones. Pero la fiebre no está en la sábana; el enfermo es el gobierno que yace moribundo a causa de su propia inmoralidad y falta de credibilidad. ¿Acaso no es la corrupción campante la madre de todos los males que aquejan al país? Los periodistas no son culpables de que este flagelo esté enquistado en la estructura moral de los funcionarios y sea un mal endémico de la sociedad. Los periodistas solo hacen su trabajo de alertar y de avisar que algo huele mal, pero es responsabilidad de las autoridades dedicarse a administrar correctamente los bienes públicos. Y mientras esto no se entienda, discursos como el de este señor sólo demuestran desprecio por una profesión que tiene su razón de ser en el fortalecimiento de la democracia y en la promoción de los valores cívicos y morales.
Hoy por Hoy 2004/05/28
28 may 2004 - 05:00 AM
