Es penoso que el salario del magistrado presidente de la Corte Suprema de Justicia esté embargado por deudas de cientos de miles de dólares. Independientemente de si las deudas son personales o no, recordemos que este es el funcionario que administra el Organo Judicial. Y esta lamentable realidad no refleja la honorabilidad del cargo que ocupa ni la moralidad de las funciones que desempeña. Al contrario, sorprende la alta vulnerabilidad que tiene este magistrado. Pero él no es el único culpable de esta penosa situación. ¿Dónde está la presidenta de la República que lo recomendó? ¿Dónde están los legisladores que lo ratificaron? Todo indica que nadie hizo su trabajo correctamente y ahora la justicia está herida de muerte. Este es un magistrado cuyos fallos han sido criticados por su inclinación política y personal. Y ahora está de viaje con la mandataria visitando Taiwan, desatendiendo por completo la independencia de los poderes del Estado. No solo se ha descuidado la transparencia, sino también se está lastimando lo ético, ya que su hijo es cónsul en Hong Kong. Pero, nuevamente, no es el único. Hay otros magistrados que tienen hijos y parientes regados por embajadas y despachos oficiales. ¿Dónde está la honorabilidad que debe reinar en la Corte Suprema de Justicia? Por tanto, es urgente un cambio radical al sistema de selección de los magistrados y eso se logra cambiando la Constitución. Y eso es lo menos que esperamos los panameños.
Hoy por Hoy 2004/05/20
20 may 2004 - 05:00 AM