Quienes pensaron inicialmente que la guerra en Irak era sobre libertad y democracia se equivocaron. Pero quienes se imaginaron que el precio del crudo iba a bajar con la liberación de Bagdad, se equivocaron doblemente. No hay duda de que el mayor problema mundial en la actualidad es la espiral ascendente en los precios actuales y futuros del petróleo, los cuales seguirán aumentando en la medida en que los países exportadores y las compañías productoras no encuentren fórmulas para aliviar la presión existente en la capacidad instalada y en las restricciones de producción. Aquí en Panamá, cada centavo de aumento en el precio de la gasolina o el diesel significa dos millones de dólares anuales que tendrán que salir del bolsillo de los consumidores, y que naturalmente afectan su bienestar. Igualmente, al no ser un país productor, aumenta nuestro déficit y se merman los recursos del Estado para atender otros gastos. Por eso, el gobierno debe tomar medidas inmediatas de contingencia para minimizar el impacto que tendrá el alto precio del crudo en nuestra economía. Hay que recordar las acciones heroicas que se adoptaron en 1973, cuando el embargo árabe obligó a los panameños a ajustar sus horarios de trabajo, las jornadas escolares y a cambiar los hábitos de consumo. Quedarse de brazos cruzados no solo es reflejo de ignorancia e incompetencia, sino que denota una tremenda irresponsabilidad. Y todos habríamos sido derrotados en esta guerra mundial.
Hoy por Hoy 2004/05/18
18 may 2004 - 05:00 AM