Algunas de las situaciones que enfrenta Panamá en estos días –una presidenta que, junto a sus ministros, desafía la ley; una Corte Suprema de Justicia genuflexa ante el Ejecutivo, o una Asamblea Legislativa que no funciona por la irresponsabilidad de sus miembros– deberían haber provocado hace tiempo una reacción ciudadana de repudio. Mientras algunos siguen fingiendo que Panamá vive un Estado de derecho, la realidad que nos está explotando en la cara es que la presidenta de la República controla todos los Organos del Estado, en una suerte de dictadura de nuevo cuño que, además, se fortalece día a día gracias a una generalizada e inexplicable indiferencia ciudadana. Nos encontramos caminando por la cuerda floja y la mayoría de los panameños parece no enterarse o no querer hacerlo, mientras se acerca el 2 de mayo. Nadie puede negar la existencia de peligrosas señales de alarma. Y es que, cuando se tiene tanto poder, puede ser difícil estar dispuesto a dejarlo con facilidad. Los tiempos de las irregularidades electorales han pasado a la historia, pero siempre, y en todos los bandos, hay quienes con pigmea inteligencia no logran entenderlo. Por ello, es absolutamente indispensable que los panameños, sin distinción de banderías, estemos dispuestos a responder a un sistema que, a pesar de todas sus imperfecciones y falencias, constituye un avance en el camino de la libertad y el desarrollo. Cualquier intento que frustre que las elecciones se realicen con transparencia y en paz, debe ser masivamente repudiado. El futuro del país depende de ello.
Hoy por Hoy 2004/04/15
15 abr 2004 - 05:00 AM