Defender lo indefendible resulta inexcusable cuando de por medio está la terquedad. Esto es evidente cuando ministros de Estado, en un afán de proteger a una de sus compinches, protagonizan una bufonada, digna de una tragicomedia, y contravienen el orden institucional. Igual que en los peores años de la dictadura, cuando Panamá era manejada como hacienda privada de los hombres fuertes, los dineros del Estado eran despilfarrados al antojo de los cuarteles y las cuentas públicas eran el secreto mejor guardado, la presidenta, Mireya Moscoso, cae en la peor de sus arbitrariedades y llega a lo más alto de su prepotencia. No fue suficiente ensañarse con hacer política las 24 horas del día a favor de un candidato presidencial ni desafiar a los magistrados del Tribunal Electoral. Pareció que era necesario enviar a todos sus ministros a la hoguera, exponiéndolos a la autoridad del Fiscal Electoral y ganarse así el repudio de toda la ciudadanía que demanda decencia. Ahora no es solo la presidenta la que desatiende la Ley de Transparencia sino el Gabinete en pleno. El gobierno ha perdido su rumbo. Y es que con la seriedad de los problemas que afectan al país, resulta repugnante que el Gabinete actúe con tal celeridad, en vez de dedicarse a trabajar y solucionar la crisis de corrupción, la pobreza y subdesarrollo. A todos nos hubiera gustado verlos con esa misma diligencia cuando salieron los “afudólares”, los “durodólares” y todos los demás escándalos. Es preocupante esta situación porque cuando los gobernantes pierden la vergüenza, el pueblo pierde el respeto.
Hoy por Hoy 2004/04/12
12 abr 2004 - 05:00 AM
