No hay como la indecisión para dar la sospecha de que alguien no sabe lo que hace. Y es lo que ocurre cuando el Gobierno Nacional apoya la candidatura del ex presidente costarricense Miguel Angel Rodríguez para la secretaría de la OEA. Es evidente que con esta acción la incoherencia gubernamental llega a su punto crítico, luego de que Costa Rica negó –públicamente– el apoyo a Panamá para la sede del ALCA. Y que conste que ésta no es la primera vez que esa nación le quita el respaldo a nuestro país internacionalmente. El presidente salvadoreño, Francisco Flores, desistió en su intención de postularse, pero, por ser nuestro amigo y un gran defensor de la democracia y, sobre todo, por su valiente posición en la IX Cumbre Iberoamericana aquí en Panamá, el Gobierno debió pronunciarse a favor de Flores, quien además le abrió sus puertas al firmar un tratado de libre comercio y así concretar las verdaderas posibilidades de negocios que tiene Panamá con El Salvador. Precisamente son estas las incongruencias de nuestra diplomacia que rayan en lo caricaturesco y hacen de nuestra política exterior un timbre de bochorno para todos los panameños. Independientemente del folclor que los acompaña en sus caminatas interioranas y el derroche que dejan en sus paseos por reinados y monarquías, la política exterior de un país debe manejarse con precisión porque sus consecuencias son juzgadas no solo por panameños sino por el resto de las naciones, que esperan que seamos más que un destino turístico, un socio pensante.
Hoy por Hoy 2004/04/06
06 abr 2004 - 05:00 AM
