Llama poderosamente la atención el deterioro político del sistema internacional, que ha llegado al punto en que el uso de la violencia se torna cotidiano. Es asombroso que el primer ministro de un país como Israel, culto, democrático y civilizado, y sin duda el más próspero del Medio Oriente, salga a la palestra y amenace con matar a quien le dé la gana. Hace unos años eso era inconcebible y hoy lo aceptamos como si fuera normal. Pareciera como si las naciones se rigieran por un estado de ética distinto al del resto de los gobernados. Si una persona hiciera eso sería culpable de asesinato, pero si un estado lo hace, es permitido por razones de seguridad nacional, legítima defensa o por un nuevo orden mundial. Se sabe que han habido múltiples intentos de asesinar a presidentes, pero esas son cosas de mafiosos, jugadas clandestinas o conspiraciones de los servicios secretos. La humanidad avanza en una dirección donde se hace cada vez más tenue la diferencia entre un líder de Al Qaeda, que dice tener a todos en su lista de terror y un ministro que asegura que va a matar al que no se cuadre con él. Estas declaraciones de ambos bandos han creado una situación de gravedad sin precedente, inaceptable para un mundo que lo que necesita es la paz y no la política del ojo por ojo y diente por diente del pasado.
Hoy por Hoy 2004/04/03
03 abr 2004 - 05:00 AM
