A medida que nos acercamos a las elecciones del 2 de mayo, la ciudadanía se siente cada vez más abrumada por la campaña política, que ha sido demasiado larga y agobiadora. Simplemente, ha habido un desgaste de todas las partes; los ánimos empiezan a caldearse, las propuestas de los candidatos se han quedado en la periferia y ninguno se ha atrevido a profundizar en la solución de los problemas que aquejan al país, y se han limitado a la diatriba y al debate estéril. Mientras tanto, quien está muy cómoda con estas circunstancias es la presidenta de la República, que por más de un año y medio ha engavetado, para su sucesor, un sinnúmero de problemas por resolver. Y es que la mandataria, en vez de gobernar, se dedica a hacer proselitismo, como si se tratara de una candidata más que busca perpetuarse en el trono. Lo que persigue es que los candidatos que le son leales sean elegidos para consolidarse como jefa del partido una vez termine su gestión, a fin de que no le ocurra lo de su antecesor, que tras el fracaso del referéndum de 1998, fue obligado a abandonar la dirigencia del PRD. Señora presidenta, su papel no es hacer campaña política, aunque se lo haya permitido el Tribunal Electoral. Usted fue elegida para gobernar y esa responsabilidad la tiene hasta el 1 de septiembre. ¿Qué espera para dedicarse a trabajar de una vez por todas?
Hoy por Hoy 2004/03/30
30 mar 2004 - 05:00 AM