“Todos íbamos en ese tren”, rezaba el cartelón que sostenía un hombre, cuyas manos sobresalían entre la multitudinaria marcha que convirtió las calles de Madrid en una enorme mancha humana, unida por un solo sentimiento: la solidaridad. España alzó la voz y habló claro, y el mundo se hizo eco. ¡Basta ya de violencia! Y más cierto no puede ser lo que pregonaba aquel nostálgico madrileño, al decir que todos vamos en el tren. La humanidad entera viaja en él y no podemos permitir que la intransigencia de los que quieren imponer todo por la fuerza, nos desvíe de nuestro camino. El terrorismo es la más baja manifestación de la maldad, con el cual no se puede negociar. Hay que actuar con firmeza hasta derrotarlo. Ante el profundo dolor que embarga a nuestros hermanos españoles, anoche en las calles de toda la Madre Patria se alzaron luces de esperanza. Niños, ancianos, obreros, políticos, primeros ministros, estudiantes, y hasta el príncipe Felipe, caminaron kilómetros bajo la lluvia para que a los asesinos no les quedara duda de que el rechazo a la violencia es rotundo. El mundo no se puede detener ni esconder ante la barbarie de una minoría, cuya cobardía la hace actuar siempre bajo las escondidillas del anonimato. A todos les llega su día, y ellos no son infalibles. Si hay algo por lo que debemos luchar los seres humanos, hasta con la vida, es por la paz. No claudiquemos.
Hoy por Hoy 2004/03/13
13 mar 2004 - 05:00 AM