El incidente ocurrido hace unos días en el penal de La Joyita vuelve a dejar en evidencia el alto nivel de violencia y oscuridad en el que transcurre la cotidianidad penitenciaria panameña. Un preso fue salvajemente golpeado por custodios, en un incidente calificado por funcionarios de la Defensoría del Pueblo como aberrante. Se dijo que los guardias sorprendieron al recluso cuando intentaba escaparse y que ante ello los policías respondieron dándole una paliza inmisericorde. Este sangriento episodio requiere de un esclarecimiento rápido y eficiente, sancionando a sus responsables. Ello es necesario tanto para aumentar la credibilidad y la autoridad de los miembros del servicio penitenciario, como para preservar el orden carcelario, ya que estos hechos pueden hacer las veces de detonante de otros conflictos de inciertas consecuencias. También debe recordarse que el espacio carcelario no es un territorio liberado de la legalidad. Causa alarma considerar estas zonas como reales o posibles selvas de violencia, en las cuales se verían implicados los propios guardianes de la ley. Es decir, que tan solo una profunda y rápida investigación judicial podrá cerrar el trágico hecho sin dar ocasión a la formación de secuelas. Muy por el contrario, ella brindará la cuota de transparencia que se requiere para saber qué ha ocurrido en un lugar demasiado signado por las sombras de sus muros.
Hoy por Hoy 2004/02/28
28 feb 2004 - 05:00 AM
