Agoniza la quinta papeleta. Ni cien mil firmas, ni el clamor ciudadano, ni la realidad de un texto constitucional parchado y desactualizado, han podido lograr que nuestros políticos se comprometan a tomar en serio un tema tan trascendental. La quinta papeleta, que en su momento tomó una fuerza esperanzadora, poco a poco fue sufriendo los estratégicos golpes de políticos calculadores, quienes están a punto de ver realizado su objetivo, enterrando definitivamente la iniciativa. La falta de voluntad política es evidente, no seamos ingenuos. Por un lado, se argumenta que la quinta papeleta crearía confusión en el electorado; por otro, que una constituyente es muy costosa y también podría desestabilizar y, por último, se proponen reformas pero no hay voluntad política para aprobarlas en la Asamblea Legislativa. La Constitución vigente no limita con eficacia los abusos de poder, y eso le conviene a la clase política. Los cuatro candidatos presidenciales, y entre ellos quien salga elegido el 2 de mayo, tienen la responsabilidad de darle a este país las nuevas bases para el futuro. Como sabiamente escribió Moscote: “si la Constitución es instrumento de vida... algo que debe inspirar constantemente nuestras actividades públicas y guiarlas por sendas de efectivo progreso, no hay más remedio que enmendarla antes de que caiga en desuso y venga la confusión, el caos. Los pueblos, como los hombres, necesitan en ciertas circunstancias de su vida ser o no ser”. Decidamos pues, como pueblo, ser.
Hoy por Hoy 2004/02/16
16 feb 2004 - 05:00 AM
