Convencionalmente, suele afirmarse que el éxito de un gobierno depende en parte de su capacidad de rodearse de personas que contribuyan con consejos sanos, opiniones acertadas y recomendaciones efectivas en la solución de los problemas nacionales. Esa es la realidad de contar con asesores idóneos. En la práctica la figura del “consejero” pierde importancia si el gobernante no los atiende o si surgen otros elementos o fuerzas que prevalecen sobre los sabios consejos. En sus inicios, el actual gobierno anunció la designación de un grupo de asesores que llevaron a la opinión pública la ilusión de que pudiesen esperarse buenos frutos. Se trataba de ciudadanos de experiencia y prestigio. No duró mucho esa expectativa. El desbande se inició cuando uno de los miembros del “gabinete de cocina” se retiró, denunciando la existencia de elementos negativos y proclives a la corrupción. Así, aquel elenco se ha ido desbandando al tiempo que los ministros, una vez novicios sin experiencia, han aprendido a volar solos. Igualmente, la presidenta, alcanzado el clímax de su reinado, ha logrado la autonomía que buscaba para hacer exactamente lo que más le convenía.
Hoy por Hoy 2003/12/23
23 dic 2003 - 05:00 AM