A finales de la década del 90, el entonces presidente de Nicaragua, Arnoldo Alemán, concertó un alianza con los sandinistas, tan sinvergüenzas como él, para sacar de su cargo al contralor general de la Nación. Este, por lo visto, echaba para atrás, o vetaba, cuanto negocio sucio discurría la fértil imaginación de los unos y los otros. Esa admirable mujer que es Violeta Chamorro denunció públicamente la conspiración, y con esa presciencia que tienen los verdaderos políticos, predijo cuáles serían sus consecuencias. La Unión Europea, que a la sazón adelantaba algunos proyectos destinados a sacar a los nicas de las miseria que los asfixia, advirtió a los conjurados que, como se atrevieran a expulsar al contralor con un acto de magia legal, la UE cancelaría la ayuda en marcha y la prometida. La amenaza cayó en oídos sordos, porque los unos y los otros estaban mucho más interesados en llenarse los bolsillos que en la suerte de su pueblo. Todos conocemos el desenlace de este drama. Decía Ortega y Gasset que la Historia sirve, entre otras cosas, para que los hombres no repitan los errores del pasado. Pero, por lo visto, no sabemos experimentar sino en pellejo propio. Es lo único que explica la maniobra que tirios y troyanos han puesto en marcha para sacar al actual contralor panameño, para cobrarse las acusaciones públicas de corrupción, cimentadas sobre una montaña de pruebas, que ha hecho a ciertas personas, ninguna de las cuales ha sido capaz de refutarlos. Se han limitado a hacer vagas amenazas y diagnósticos psiquiátricos, que han rebotado devastadoramente sobre sus autores.
Hoy por Hoy 2003/12/22
22 dic 2003 - 05:00 AM