“Hierba mala nunca muere”, reza el refrán. Y aunque a veces no es bueno hacer juicios de valores sobre algunas personas, en el caso de criminales comprobados, asesinos desalmados y exterminadores de masas es una obligación humana. Este es el caso de Sadam Husein. Ni su compatriotas asfixiados por el terror, ni millones de bombas lanzadas durante dos guerras por parte de las fuerzas aliadas, ni la insurgencia tras la caída de Bagdad, dieron al traste con este personaje. Luego de su captura, ahora solo falta que la justicia prevalezca, que la liberación de Irak sea definitiva y que el pueblo iraquí encuentre su propia identidad. La ONU tendrá la obligación de agotar todos los mecanismos para asistir a estos propósitos, al igual que las fuerzas aliadas deben hacer la transición cuanto antes, para que sean los propios iraquíes quienes reconstruyan su país. Pero corresponderá a todos los que habitamos este planeta vigilar para que nunca más estos personajes del mal, representantes de la venganza y promotores del terrorismo, puedan tener la capacidad de ver acción. Porque, de lo contrario, nuestra propia existencia y supervivencia estará en peligro.
Hoy por Hoy 2003/12/15
15 dic 2003 - 05:00 AM
