No hay peor tarjeta de presentación para un país que el doble discurso de su gobierno. Y esto es precisamente lo que la administración Moscoso viene haciendo en materia de libre comercio. No es un secreto que en la década pasada se crearon en Panamá normas legales e instituciones para impulsar la apertura de mercados y promover la libre competencia, con el fin de proteger al consumidor y proveerle de productos de calidad a los mejores precios. Pero, como si se tratase de un tema sin importancia, al tomar posesión en septiembre de 1999, lo primero que hizo el gobierno fue cambiar las reglas del juego, trastocando todo lo que se había logrado, patrocinando con ello el retroceso al paternalismo y el culto a la ineficiencia. Ahora se observa el doble discurso. Por un lado, las fotos y la celebración por la firma de acuerdos de libre comercio, compromisos en los que no han participado los productores que dicen beneficiar. Y por el otro, el aumento sistemático de los aranceles, la obstaculización de los trámites de licencias de importación y el patrocinio de posturas anticompetitivas en los diferentes niveles de la cadena de comercialización de productos agrícolas. Todo esto auspiciado por los mismos funcionarios que vociferan a favor del libre comercio, cuando en realidad lo que hacen es perjudicar al consumidor, es decir, al pueblo. Es hora de que las instituciones recobren su importancia, que las autoridades sean más responsables, que practiquen lo que predican y abandonen la modalidad del doble discurso. Flaco favor se hacen y le hacen al país.
Hoy por Hoy 2003/11/30
30 nov 2003 - 05:00 AM
