La desmovilización de 855 paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia podría ser el primero de muchos frutos de una siembra hecha a base de voluntad inquebrantable y minuciosa dedicación. Con la entrega masiva de armas más importante desde la desmilitarización del grupo guerrillero M-19 en 1989, Alvaro Uribe Vélez demuestra que el fortalecimiento de la autoridad estatal es la única vía para construir una paz duradera en Colombia. Y es que la reinserción de los combatientes ilegales a la vida civil no es solo producto de un efectivo proceso de negociación con las AUC, que ha echado tierra a los señalamientos iniciales de que un gobierno de ‘mano dura’ en el país vecino traería como consecuencia un crecimiento de la contrainsurgencia. El alentador episodio, que da comienzo a una desarticulación gradual de los paramilitares prevista a prolongarse hasta finales del 2005, es, sobre todo, el natural resultado de la recuperación de un atributo esencial que el Estado colombiano había perdido frente a los grupos irregulares: el monopolio de la fuerza legítima. Así, cada uno de los 855 paramilitares que a partir de mañana tendrá que aprender a manifestar sus opiniones por medio de las vías legalmente constituidas, será un testimonio viviente del triunfo de la visión de país de un líder excepcional, sobre las más espinosas circunstancias.
Hoy por Hoy 2003/11/26
26 nov 2003 - 05:00 AM
