Si los próximos debates presidenciales van a tener la carga de demagogia y superficialidad del que presenciamos la semana pasada, en el que ningún candidato tuvo la valentía de arriesgar su activo político, qué futuro le espera al país después del 2 de mayo de 2004. Y es que la Nación se encuentra ante un escenario de desesperanza luego de la falta de ideas de los cuatro candidatos en torno a la crisis de la CSS. Es inquietante que el tema de la seguridad social, que debiera ser profundo y completo, se haya manejado de una forma tan frívola, como si se hubieran puesto de acuerdo para hundir a la institución y quebrantar aún más la tranquilidad de los asegurados y usuarios. Los planteamientos cosméticos incluyeron desde la ridícula propuesta de no variar la edad de jubilación, hasta llamar a un referéndum y pedir la renuncia de los directivos de la CSS, como si eso solucionara el problema actuarial. Los aspirantes presidenciales deben estar dispuestos a cargar los costos políticos de las decisiones que la historia y las circunstancias los obliguen a tomar. Deben tener la convicción y capacidad de aguantar presión y un sentido de responsabilidad que rebase con creces ambiciones políticas. Los debates no deben ser indicadores de la capacidad de bostezo del ciudadano, ni plataformas para que los candidatos se escuchen entre sí; son foros para plantear lo que el país requiere. De lo contrario, se le quita a la ciudadanía la esperanza de escuchar verdaderas respuestas.
Hoy por Hoy 2003/11/24
24 nov 2003 - 05:00 AM