La libertad de expresión y de prensa no es una concesión de las autoridades; es un derecho inalienable del pueblo, reza la Declaración de Chapultepec, adoptada por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Es común que Panamá se adhiera a compromisos como éste y que ratifique tratados y convenios sobre derechos humanos, libertad de expresión y sobre cuanta cosa, y olímpicamente los incumpla, a pesar de que posean fuerza de ley. Es bochornoso que en la última etapa democrática haya faltado voluntad política en todos los gobiernos para eliminar la legislación restrictiva a la libertad de expresión. Todos han ofrecido que derogarán esas normas, pero esas promesas no han pasado de ser juegos fatuos para engañar conciencias. Estos asuntos fueron discutidos ayer entre periodistas y jueces durante la Conferencia Judicial sobre Libertad de Prensa en Panamá, organizada por la SIP. Fue un primer foro entre dos sectores que trabajan en beneficio de la sociedad, con funciones distintas, aunque pueden encontrar ejes de entendimiento. Por la salud de la democracia y por la imagen internacional de Panamá, los distintos actores están obligados a reemplazar la doble moral imperante hoy, con sus leyes mordaza, por un escenario limpio de las trabas a la libertad de expresión.
Hoy por Hoy 2003/11/15
15 nov 2003 - 05:00 AM
