Iniciar una guerra es muy fácil, demasiado fácil. Legitimarla, es algo más complicado, pero no imposible. Lo realmente difícil es terminarla sin un previo acuerdo sobre responsabilidades e indemnizaciones, llegado el momento. Ese es el caso de la guerra contra Irak, que se inició bajo la premisa, no comprobada todavía, de que Irak mantenía el control de armas de destrucción masiva de naturaleza bioquímica o atómica de tal peligrosidad, que autorizarían un conflicto bélico para destruirlas. Es evidente que Estados Unidos e Inglaterra desean poner fin a una guerra que ya no tiene ningún propósito militar o económico que la justifique, pero no es esa la posición de Irak ni del mundo árabe. ¿Qué hacer? Ante una situación como esa, las Naciones Unidas sí pueden jugar un papel importante en conciliar los egos y crear el clima que haga posible la discusión de los asuntos contro- vertidos y un eventual armisticio que resuelva el problema de una manera satisfactoria. Ya que las Naciones Unidas se han revelado incapaces de prevenir las guerras, al menos pueden y deben hacer algo efectivo para ponerles fin y restaurar su maltrecha imagen antes de que sea demasiado tarde para el organismo internacional.
Hoy por Hoy 2003/11/12
12 nov 2003 - 05:00 AM
