¿En qué mundo vive la presidenta, Mireya Moscoso, cuando señala que ha cumplido su gestión de gobierno en el 98 %, si la percepción del pueblo panameño indica que su administración, lejos de estar atendiendo sus promesas de campaña, ha abandonado los fundamentos que promueven el bienestar colectivo? Sus declaraciones altisonantes son, además de un culto patético a su personalidad, signos de decadencia moral, insensibilidad política y demagogia absoluta. La presidenta debiera ser sensata y humilde en sus planteamientos, y entender que un gobierno que se autoevalúe como lo ha hecho ella tiene que ser, ante todo, honesto, libre de corrupción, sin nepotismo y transparente, características claramente ausentes en su gestión. El hecho de que el gobierno haya aumentado el gasto social no significa que se eliminó la pobreza, ya que lo importante es su efectividad y rendimiento. La realidad es que el desempleo sigue rampante y la inseguridad cada día asfixia más a la ciudadanía. ¿A quién cree la presidenta que engaña con estas declaraciones? No son los medios de comunicación los que tergiversan las noticias, como lo ha dicho en diversas ocasiones. Es ella, principalmente, y su comitiva de funcionarios adeptos, los que no comprenden que son el carácter y la honestidad los que dan credibilidad ante un pueblo. Es hora de que los aduladores que le susurran al oídos entiendan que la matemática que usan para evaluarse no cuadra con la realidad del país.
Hoy por Hoy 2003/11/10
10 nov 2003 - 05:00 AM
