Una maravilla de la ingeniería como el Arco Chato no la pudieron echar abajo ni los piratas ni los desastres naturales. Se desplomó por la falta de previsión, la irresponsabilidad y la indolencia, factores que en estas tierras se conjugan en un cóctel demoledor. El fabuloso monumento (de 15 metros de largo por 10.5 de alto), sostén del coro alto del Convento de la Orden de los Dominicos, es parte del complejo urbanístico y monumental del corregimiento de San Felipe, declarado en 1997 Patrimonio Histórico de la Humanidad. La edificación religiosa fue construida en el siglo XVII y sufrió un incendio 90 años después. De forma achatada y sin soporte interior, el monumento desafió los siglos. Su resistencia había demostrado que esta área no es de terremotos devastadores, por lo que sirvió hace más de cien años para promover la ruta panameña para construir un canal. La imprudencia y la falta de previsión en el resguardo del patrimonio histórico consiguieron derrumbar el monumento que mereció el respeto del tiempo, de los piratas y de los desastres naturales. El país tiene que aprobar, antes de que sea demasiado tarde, una ley de patrimonio histórico que castigue con severidad tanta irresponsabilidad.
Hoy por Hoy 2003/11/09
09 nov 2003 - 05:00 AM
