Otrora llamada “La Tacita de Oro”, Colón es la capital provincial más decadente. Es paradojal esta premisa porque la ciudad tiene una relación directa con las actividades canalera, portuaria y franca, que se encuentran entre los motores de la economía nacional. Activa y pujante desde la construcción del ferrocarril transístmico, a mediados del siglo XIX, Colón ha contribuido sostenidamente y desde entonces al desarrollo panameño. Hoy se cumplen cien años de su participación crucial en el afianzamiento del movimiento separatista que había empezado dos días antes en la ciudad de Panamá. Presa de una vorágine de nunca acabar, la Colón de hoy no guarda ni un ápice del esplendor de sus buenos tiempos, y no consigue salir del ciclo de decadencia. Los índices de pobreza y desempleo están entre los más altos en las áreas urbanas del país. Ese panorama se registra en una comunidad con una población en más del 70% joven, y que, por lo tanto, se está levantando en la desesperanza. Colón es uno de los ejemplos más claros de la demagogia politiquera y el engaño sistemático. No hay gobierno que no haya diseñado un plan especial para sacar a esa ciudad de la crisis. Muchas palabras huecas y ningún resultado. Colón posee los atributos necesarios para emprender la reconquista de su empuje perdido y lograr mejores días para sus habitantes.
Hoy por Hoy 2003/11/05
05 nov 2003 - 05:00 AM
