Las jornadas mediante las cuales Panamá reconquistó, palmo a palmo, la soberanía sobre la totalidad de su territorio tuvieron lugar siempre a la sombra del pabellón nacional. Hoy, que es día de la bandera, es momento propicio para examinar ciertas vertientes del pasado, en busca de lecciones para días por venir. Desde 1904, los panameños empezamos a exigir, con creciente coherencia y énfasis, una reestructuración integral de nuestras relaciones con los Estados Unidos con fundamento en elementales criterios de justicia y equidad. Cuando las soluciones ofrecidas por la potencia del norte nos parecieron inaceptables, caso del proyecto de tratado Kellogg -Alfaro, la opinión pública manifestó su repudio en forma determinante y enérgica. Las tensiones generadas por una relación a la que, por el lado norteamericano, no se quería buscar una solución a tono con los tiempos fue deteriorando considerablemente los vínculos existentes entre los dos países. Lo ocurrido con el convenio Filós-Hines fue preludio de la tragedia del 9 de enero de 1964. La bandera panameña fue ultrajada. Corrió por las calles la sangre nuestra. De allí surgió, irrevocablemente, la decisión de todo un pueblo de reconquistar la totalidad de su territorio, lo que se consiguió finalmente el 31 de diciembre de 1999. En este su centenario, la bandera de la patria nos exige ahora construir una república, fundamentada en la justicia, la libertad, el desarrollo y una vida digna para todos los panameños.
Hoy por Hoy 2003/11/04
04 nov 2003 - 05:00 AM
