Las cifras de la Encuesta de Hogares de la Contraloría General de la República no hacen más que confirmar lo que muchos panameños viven en carne propia. El desempleo es el mayor problema nacional. Y en consecuencia, el gran desafío para quien asuma la silla presidencial en el próximo quinquenio. La falta de trabajo es un peligroso círculo vicioso, ya que produce una espiral de empobrecimiento y reduce la demanda de bienes y servicios. Y si las empresas no pueden vender sus productos, inexorablemente se ven obligadas a reducir puestos de trabajo. Todo parece indicar que el desempleo panameño es más estructural que coyuntural. Y esto implica la urgente necesidad de formular políticas coherentes para generar puestos de trabajo, alejándose de las frases y promesas demagógicas. Por un lado, hay que propiciar la adecuación del Código Laboral a las necesidades reales del país, ya que el actual reduce las posibilidades de adoptar medidas de estímulo. Y por otro, el aumento de la informalidad es un pesado lastre sobre la economía nacional, ya que reduce la recaudación de impuestos y cuotas a la seguridad social. Si no aparecen señales concretas de una ostensible reactivación de la mano de obra formal, es muy probable que el desaliento vuelva a ganarle la partida al optimismo que ha comenzado tímidamente a asomarse sobre la economía panameña.
Hoy por Hoy 2003/11/02
02 nov 2003 - 05:00 AM
