De ninguna manera, independientemente del sexo, la etnia o la raza, los derechos de los niños deben ser ignorados o violados. Esta idea dio impulso a que las Naciones Unidas reconocieran, en una declaración universal, que los niños del mundo son inocentes y vulnerables, que su infancia debe ser una época de alegría y paz, y que su futuro debería forjarse con espíritu de armonía y colaboración. Por lo tanto, la niñez debe estar situada en el centro de las agendas de Gobierno y ser la prioridad de sus intereses. Y no como ahora, que para muchos son un estorbo y una molestia social, sometidos a la indiferencia ciudadana que se ha acostumbrado a verlos deambulando por las calles, forzados a trabajos que no dignifican en nada su condición de niños. Existen necesidades claras para que los infantes crezcan al amparo de una familia, se eduquen y jueguen en un ambiente sano, y se formen en un mundo solidario, lejos de los peligros y la violencia. Y es por eso que no debemos permitir que existan dudas respecto a lo inaceptable que es dejar impunes a los responsables del maltrato a los niños y las violaciones flagrantes contra sus derechos. Todos sentimos una profunda amargura cuando nuestros gobiernos, pese a los esfuerzos realizados por la sociedad civil y la comunidad internacional, no logran prevenir ni atender el estado crítico en que se encuentra la niñez panameña. Lentamente, pero con certeza, la sociedad reclamará esta falta de atención, porque ningún gobierno tiene derecho a esconder su incapacidad, desatendiendo las liberta des fundamentales de los niños, que más allá de que pertenezcan a la minoría o la mayoría, son seres humanos indefensos.
Hoy por Hoy 2003/11/01
01 nov 2003 - 05:00 AM
