Convocar a una huelga en vísperas de la celebración del Centenario de la República no tenía otro propósito que empañar estas festividades. Lejos de afectar a los gobernantes de turno, la huelga hubiera infligido un grave daño al país. Eso lo comprendió de inmediato la población panameña, no así la dirigencia sindical. Ayer, las bases sobrepasaron a sus líderes, porque la convocatoria a huelga fracasó, lo que demuestra, además, una profunda división a lo interno de las organizaciones obreras. Esto, sin embargo, es una experiencia aleccionadora para la dirigencia sindical que debe replantearse qué quiere y hacia dónde va. Si su objetivo es la conquista del poder como lo logró Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, sus planteamientos deben responder, entonces, a objetivos específicos y en beneficio del bien común; pero, insistir en la restitución de un mesiánico Juan Jované en la CSS como la panacea a todos los males, y continuar con los cierres de calles y tiradera de piedra como métodos de lucha, no es otra cosa que intransigencia. Bien lo decía el gran escritor francés Jean de La Fontaine: “La paciencia y el tiempo hacen más que la fuerza y la violencia”.
Hoy por Hoy 2003/10/31
31 oct 2003 - 05:00 AM
