Nuevamente los políticos, en su afán por captar votos y acentuar su perfil demagógico, sacan a flote el tema de la Constitución, como si con una nueva fueran a lavar la cara de corrupción con que son percibidos por toda la sociedad. A pesar de que el tema ahora ha despertado sentimiento popular y está liderado por la institución con mayor credibilidad en el país, la Iglesia, existe un rosario de ofertas para tratar de comprar la voluntad y revertir el rechazo que el pueblo siente por la clase política. Claro que una nueva carta magna ayudaría a renovar la credibilidad de los ciudadanos en los funcionarios y gobernantes, pero eso no lo es todo ya que al país no le faltan leyes o normas. De ésas tenemos suficientes. Lo que falta es una actitud moral y cívica para cumplir y obedecer los principios sagrados de la Constitución. No importa cuántas reformas los políticos propongan, si no existe una rendición de cuentas y un ejemplar castigo para aquéllos que la infrinjan, nada habremos avanzado. Y que no vengan los candidatos con su cartera de ofertas con el cuento de que van a reformarla o cambiarla. Ya Mireya Moscoso, en la campaña anterior prometió reformar la Constitución, lo reiteró el día de su ascensión, pero al asumir su administración se mareó de tanto poder y se le olvidaron sus promesas. Demagogos son y demagogos serán.
Hoy por Hoy 2003/10/29
29 oct 2003 - 05:00 AM
