La justicia que se aplica en las corregidurías del país se parece cada día más al clásico programa, la Tremenda Corte. Los corregidores condenan “a la reja” sin tener los mínimos criterios legales, no utilizan los procedimientos del derecho, son arbitrarios; en fin, no administran justicia. Uno de cada tres corregidores no ha pasado de sexto grado de educación primaria, y cuatro de cada cinco ni siquiera tiene un título universitario, por lo que es evidente que no son precisamente los más idóneos para manejar sus despachos. Y resulta trágico que los iletrados además, no sepan diferenciar cuáles son sus funciones administrativas y judiciales, lo que agudiza la situación precaria del sistema penitenciario. Al panameño común no le interesa saber quién es electo presidente de la Corte Suprema de Justicia, pero sí le afecta quién es el corregidor de su jurisdicción. Definitivamente, eso sí afecta al ciudadano, razón por la que hay que modificar la estructura de la justicia administrativa, incluyendo que los requisitos para ser corregidor sean más rigurosos. De lo contrario, las cárceles seguirán abarrotadas de personas condenadas por infracciones menores, como la de no portar cédula de identidad y vender galletas en instituciones públicas. ¡Cosa más grande!
Hoy por Hoy 2003/10/26
26 oct 2003 - 05:00 AM