El dolor y las heridas que dejaron en muchas familias panameñas los crímenes cometidos durante el régimen militar no han sido respetados. Desde que se creó la Comisión de la Verdad en enero de 2001, empezaron las luchas internas y los ataques externos a la misma. Por un lado, los familiares dividiéndose y, por otro, el Procurador poniéndole cuanto obstáculo fuese posible. Llegó después Sandy Anderson con Eagle, cuyo trabajo ahora es cuestionado por un supuesto engaño al FBI en Estados Unidos. Luego de presentado el informe final, se pidió la apertura de ciertos casos y el Ministerio Público argumentó prescripción y sostuvo que la Comisión ya no existía. Luego arremetieron ordenando allanamientos y se querellaron penalmente unos a otros. Hace unos días, encontraron nuevas osamentas en Punta Barco, pero la Comisión no tiene acceso. Ahora, el Ejecutivo, decide asumir su responsabilidad con un Decreto que le da nueva vida a la Comisión; sin embargo, parece que todo volverá a empantanarse entre peleas e intransigencias. Vale la pena preguntarle al Ministerio Público, a la Comisión de la Verdad y al Organo Ejecutivo, ¿y los desaparecidos qué? ¿dónde quedan el dolor y el derecho a saber de los familiares? Basta de peleas, de contradicciones y de intransigencia. Cumplan con la responsabilidad histórica que el país les ha encomendando así como lo han hecho otros países, que han sabido investigar, enjuiciar, e indemnizar, pasando la página de la historia hacia un nuevo capítulo, basado en la reconciliación. Todo lo que se les pide es que aclaren la verdad.
Hoy por Hoy 2003/10/22
22 oct 2003 - 05:00 AM
