El magistrado Cigarruista ratificó sin ambages, en una declaración pública, aquellas denuncias del legislador Afú que tanto escandalizaron a la Nación, y que la mayoría de los miembros de la Corte Suprema, en un monumento a la desvergüenza, se niega a ver. Sí fueron ofrecidos sobornos a los legisladores en aquellos días en que la Asamblea Legislativa debatía en torno a la aprobación del proyecto CEMIS y a las ratificaciones como magistrados del propio Cigarruista y Spadafora, ambos designados por la presidenta Moscoso. En una burla sistemática a la ciudadanía, los responsables de administrar justicia, muchas veces juez y parte, se arropan en formalidades para esconder el fondo del asunto: la propia operación soborno (denunciada por Afú y ratificada por Cigarruista) vició las ratificaciones de esos magistrados y la aprobación del proyecto. Al amparo de legalismos, desde las principales instancias del Estado se tolera y se promueve abiertamente la corrupción, que nos hunde en el subdesarrollo material y espiritual, y además se atenta contra la institucionalidad y el orden democrático. ¿Cómo puede conciliar el magistrado Cigarruista esa confesión con la dignidad de su cargo? Ante el absoluto descrédito de los poderes del Estado, las organizaciones sociales están obligadas a buscar, dentro de los marcos legales, una salida que nos aleje de la ruina.
Hoy por Hoy 2003/10/11
11 oct 2003 - 05:00 AM