Con una Corte Suprema de Justicia inundada de expedientes y con magistrados no siempre a la altura de las exigencias, la justicia panameña atraviesa una crisis que es imprescindible revertirla. Por un lado, no se ha sabido dar respuesta a las miles de denuncias y, contrario a ello, culminaron archivadas. Por otro, ese órgano del Estado tampoco ha podido cultivar y desarrollar su independencia como un poder básico de la República. A pocos días de celebrar cien años de independencia republicana, la administración de justicia aún padece la herencia de una política de designación de sus magistrados fundada en un criterio amical. En este contexto, la ciudadanía reclama y necesita una justicia independiente, que garantice el respeto a la ley en condiciones igualitarias; un sistema conformado por personas íntegras e idóneas, que esté racionalmente organizado y que tenga capacidad de brindar respuestas a los conflictos a través de los más correctos procedimientos. Lástima que la mayoría de los magistrados no hayan sabido interpretar el clamor de la ciudadanía y que muchos de sus fallos dejen una sensación de frustración y resentimiento en la comunidad.
Hoy por Hoy 2003/10/06
06 oct 2003 - 05:00 AM