A través de los últimos cuatro años, muchas voces ciudadanas y prestigiosas instituciones nacionales e internacionales han expresado reiteradamente su preocupación por algunas políticas del Gobierno panameño que afectan considerablemente la imagen del país y desalientan la inversión. Sin embargo, cada vez que esto ocurre los voceros gubernamentales, e incluso funcionarios de muy alto nivel, se apresuran a restar importancia a las críticas, atribuyéndolas a motivaciones políticas subalternas. Es, básicamente, una especie de política de poco importa que hace más daño aún al país. Se equivocan, porque las renuncias de asesores presidenciales de reconocida trayectoria en los sectores públicos y privados no pueden descartarse fácilmente y menos aún las duras críticas de los organismos defensores de los derechos humanos y las de los analistas de la situación económica y de los problemas que la afectan a corto, mediano y largo plazo. Basta ya de ridículas hipersensibilidades nacionalistas. Las palabras de Linda Watt, embajadora estadounidense en Panamá, requieren analizarse con especial cuidado porque de la respuesta que les dé el Gobierno panameño depende, en buena parte, el futuro de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, principal potencia económica y militar del mundo.
Hoy por Hoy 2003/10/01
01 oct 2003 - 05:00 AM
