Extender el período escolar hasta el final del año para compensar el tiempo perdido por las protestas es una medida acertada. Pero, lo que pueda recuperarse es poco en relación con el desajuste que en el sistema educativo ocasionan las frecuentes interrupciones de clases. En el fondo, resulta que el conjunto de la sociedad ha puesto a la educación al final de sus prioridades. Por un lado, los trabajadores luchan con consignas tendenciosas por la sobrevivencia de la CSS, muerta financieramente y a la que habría que cambiar toda para que resucite. En ese sentido, el Gobierno y los sindicatos protagonizan un enfrentamiento estéril, que no dará buenos frutos, pues los políticos, que son quienes tienen la facultad de hacer algo, miran desde la esquina de enfrente, como simples espectadores de un asunto tan grave. De otro lado, están los demás, los verdaderos perdedores en estas contiendas; entre ellos, los estudiantes y sus familiares, y por ende la educación, que de por sí sufre una insuficiencia de décadas. El atraso se acentúa con la pérdida de clases en las instituciones públicas de educación, sobre todo en una época en que el conocimiento es aún más acelerado y mayores las exigencias. ¡Lamentable paradoja la de nuestra educación!
Hoy por Hoy 2003/09/27
27 sep 2003 - 05:00 AM
