Quienes andan buscando votos para conquistar el poder en las elecciones de mayo próximo, en especial los candidatos a ocupar el Palacio de Las Garzas, deben medir las consecuencias tanto de sus compañías como de lo que prometen. Con las exigencias de esta época y la fiscalización de los medios de comunicación, en referencia a las personalidades públicas podría decirse: “dime con quién andas y te diré cómo será tu gobierno”. Los candidatos en campaña son rodeados por personajes de distinto pelaje, unos con buenas intenciones y otros que de antemano se proponen como meta usufructuar del Estado, no importa si se trata de medios lícitos o ilícitos. En el afán de captar votos, por otra parte, los aspirantes a puestos de elección prometen el oro y el moro, y contraen obligaciones que son irrealizables y que, por lo tanto, nunca podrán cumplir. Cada promesa es una deuda, y debe estar acompañada de mecanismos de rendición de cuentas y de evaluación. Los aspirantes deben tener presente que la credibilidad no es un artículo de lujo y que es detestable que se use el engaño como anzuelo para conquistar simpatías.
Hoy por Hoy 2003/09/08
08 sep 2003 - 05:00 AM
