Todo indica que en el último tramo de su gestión, y próximos al inicio de una contienda electoral, el gobierno planea impulsar una serie de proyectos innecesarios con una urgencia motivada más por un afán político que por la importancia que puedan tener para la sociedad. Es obvio que la presidenta Moscoso tiene el derecho y el deber de administrar hasta el último día de su gestión, pero también es indudable que la toma de decisiones acelerada no permite la necesaria ponderación por parte de las organizaciones técnicas, las fuerzas políticas o la opinión pública. Por eso es indispensable que antes de cualquier aprobación, pueda disponerse de evaluaciones más precisas sobre la necesidad real de las obras que se promueven. La experiencia nos demuestra que la falta de planificación es una de las causas por las que este país no sale del marcado subdesarrollo. El apresuramiento genera dudas no solo sobre la oportunidad, sino también sobre la legitimidad de las medidas y da lugar a la incertidumbre en un momento de trascendencia política.
Hoy por Hoy 2003/09/05
05 sep 2003 - 05:00 AM
