Lo peor que le puede pasar a una sociedad es que sus hombres y mujeres pierdan la esperanza, y esta pérdida suele ser el resultado de la repetición de actos antiéticos e ilegales, que se burlan felizmente de la gente y del sistema, aterrizando -por lo general- en la infértil tierra de la impunidad. Los destapados desfalcos en la Lotería y en el Banco Nacional se suman a una larga lista de escándalos sin resolver: Banaico, Cemis, HP-1430, durodólares, Adelag, Banco Disa, entre otros. Como si esto fuera poco, ahora hasta nuestras altas autoridades parecen empezar a perder la esperanza en el sistema y deciden irse a los gritos, golpes y hasta amenazas con armas de fuego, desestimando por completo las vías que proporciona la sociedad para resolver los conflictos; qué ejemplo le dan al pueblo. La corrupción, impunidad, intolerancia, la creciente brecha entre ricos y pobres, el desempleo, y el desmejoramiento del nivel de vida del panameño, van sumando a la pesada carga que lleva en sus hombros. La respuesta no es un individuo; la solución no la tiene ninguno de los candidatos presidenciales, ya que la responsabilidad es conjunta, de gobernantes y gobernados. Nos costó mucho recuperar la democracia; ahora demostremos que hemos aprendido de nuestro pasado y valorémosla.
Hoy por Hoy 2003/09/01
01 sep 2003 - 05:00 AM